Por: Benjamín Portilla
Tihuatlán: tierra de la divina mujer… y de cínicos traidores
“Quien traiciona una vez, traiciona dos o más veces”.
La frase popular mexicana sirve como advertencia sobre aquellas personas que son capaces de traicionar bajo cualquier circunstancia y en cualquier ámbito de la vida, demostrando que ya no son dignas de confianza.
Tal parece que esa reflexión jamás la escuchó el dirigente estatal de Morena, Esteban Ramírez Zepeta, quien, desesperado por arrebatarle el municipio de Tihuatlán a Gregorio “Goyo” Gómez Martínez, ha echado mano de personajes que caminaron al lado de este exalcalde y que hoy lo niegan, como San Pedro negó a Jesús.
En política es una práctica común tratar de descarrilar al equipo contrario, desvalijándolo miembro por miembro. Lo que el líder morenista no indagó —o quizá no quiso ver— es que no le arrebató nada de valor al grupo de Gómez Martínez; simplemente, varios de esos personajes saltaron como vulgares “ratas” de un barco que consideran hundido.
El favoritismo del partido hegemónico, lejos de fortalecerse, podría diluirse aún más en Tihuatlán por reforzar sus filas con auténticos cartuchos quemados, que saltan de partido en partido, únicamente guiados por la ambición personal.
La fotografía difundida manda un mensaje de superioridad, empoderamiento y control absoluto de un municipio que les ha sido negado durante los 12 años de dominio de la llamada Cuarta Transformación. Sin embargo, detrás de la cámara se observa más de lo mismo: personajes sin arraigo que se aferran a la política para seguir enriqueciéndose, sin importarles las necesidades de la población.
Ahí aparece Leobardo Gómez González, quien fue alcalde por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en 2001 y posteriormente regresó al poder impulsado por la coalición entre el Partido de la Revolución Democrática (PRD), el PRI y el Partido Acción Nacional (PAN). Al concluir su segundo periodo aseguró que se retiraría de la política para descansar y disfrutar de su renovado rancho —casualmente remodelado durante su administración—, pero, como muchas otras promesas políticas, aquello terminó siendo mentira.
En la misma gráfica aparece su “cachorro”, Edwin Leobardo Gómez Ortiz, un joven inexperto que incursionó en la política gracias a Gregorio Gómez, quien lo colocó en la primera regiduría de la planilla del PRD. Más tarde, cuando su mentor regresó a la presidencia municipal, Edwin operó el poder desde las sombras, alimentando así su ambición de convertirse en alcalde, síndico o cualquier figura que le otorgue reflectores y abundantes dividendo$$$$.
También figura Gustavo Guzmán Mendoza, quien fue regidor en la administración del ex panista José Enrique Romero Alarcón y posteriormente contralor municipal tanto con Goyo Gómez como con Raúl Hernández, ambos emanados del PRD. El chiste, prácticamente, se cuenta solo.
Otro cartucho quemado presente fue Gervasio Aguilar Vargas, quien se desempeñó como director del DIF en 2011 y posteriormente fue candidato del PAN a la alcaldía en 2013. Durante el gobierno estatal de Miguel Ángel Yunes Linares fungió como jefe de la Jurisdicción Sanitaria, posición que —según señalan sus críticos— le permitió acomodar a su entonces esposa como regidora segunda en el gobierno municipal de 2018 a 2021.
Pero quizá la traición más reciente y llamativa fue la del excandidato del PAN a la alcaldía de Tihuatlán, Amado Guerrero López, quien apareció en el presídium de la asamblea informativa de Morena. Este personaje insistía en que no era político; sin embargo, como todo buen “chapulín”, terminó seducido por la maquinaria de la Cuarta Transformación, dándole una patada al partido que le abrió la puerta a una candidatura y, sobre todo, a miles de tihuatecos que votaron creyendo que representaba una opción distinta.
Amado Guerrero intentó justificar su adhesión asegurando que “elegir por dónde seguir caminando no lo alejaba de su objetivo principal”. Incluso afirmó que “era de Morena antes que del PAN”, sin darse cuenta de que sus propias palabras lo hundían más, pues durante su campaña repetía constantemente que la ciudadanía estaba “cansada de los mismos de siempre”.
Esta adhesión se le atribuye al diputado federal Francisco Javier Velázquez Vallejo, conocido como “Chespirito”, quien —molesto porque Morena no otorgó la candidatura a la alcaldía a su comadre Carmelita Carballo— habría operado políticamente para debilitar al partido en Poza Rica de Hidalgo, fortaleciendo a Emilio Olvera. Ahora, busca reconciliarse con la cúpula morenista acercando al partido al ansiado triunfo en Tihuatlán.
Esas son las cartas que presumió Esteban Ramírez Zepeta durante la pasada asamblea informativa de Morena en Tihuatlán: un evento donde hubo de todo… menos morenistas.
La escena dejó en evidencia que los grandes operadores de la 4T aún no encuentran la fórmula para seducir a los tihuatecos y convencerlos de creer nuevamente en su golpeado proyecto de nación. Mientras tanto, el municipio continúa bajo la influencia del único liderazgo que conocen y respetan; uno que, aun ausente y pese a las constantes traiciones, sigue ganando elecciones desde donde quiera que esté.
Nos leemos en la próxima…

