Enanos sobre hombros de gigantes: La pequeña dirigencia actual del PRI y el peso de Fidel

Enanos sobre hombros de gigantes: La pequeña dirigencia actual del PRI y el peso de Fidel

● ​Refugiarse en el pasado por miedo al presente y colgarse del ‘Fidelismo’ para salvar el registro.

Por: Rocío Magaña / «Entre Gitanos»

Xalapa, Ver.- En la liturgia priista de antaño, un homenaje a Fidel Herrera Beltrán habría significado el colapso vial del centro de Xalapa, el acarreo masivo de los «sectores» y una plaza desbordada por el fervor de una militancia que veía en el «Tío» al estratega inalcanzable. Sin embargo, este 2 de mayo de 2026, la realidad institucional del Comité Directivo Estatal (CDE) que encabezan Adolfo Ramírez Arana y Carolina Gudiño Corro ofreció un espectáculo contrastante: la develación de una placa que, más que honrar el pasado, terminó por exhibir la orfandad del presente.

​Hablar de Fidel Herrera Beltrán es remitirse a una de las épocas de mayor sofisticación política en la historia contemporánea de Veracruz. Guste o no a sus detractores, el «fidelismo» fue una escuela de ingeniería social y operativa: no había rincón del estado que no conociera, ni opositor que no terminara sentado en su mesa negociando. Herrera Beltrán entendía el poder como un organismo vivo que requería atención las 24 horas del día.

​Es innegable que Fidel Herrera representa, para bien o para mal, la última gran época de hegemonía tricolor en el estado. Durante su sexenio (2004-2010), el PRI veracruzano no solo ganaba elecciones; las «arrasaba». ​En contraste, la actual dirigencia, encabezada por Adolfo Ramírez Arana y Carolina Gudiño Corro, parece operar bajo la lógica del mínimo esfuerzo y la máxima arrogancia. Mientras Fidel construía puentes de concreto y de política, la cúpula actual parece estar más preocupada por el brillo de las cámaras que por el polvo del territorio. Resulta casi lamentable observar cómo intentan «colgarse» de los logros de un sexenio que ellos no construyeron, pretendiendo que el aura de un gigante cubra enanos, cuando sus propias estaturas políticas apenas alcanzan para cubrir la derrota.

No obstante, el evento realizado en la sede de la Avenida Ruiz Cortines evidenció que el actual liderazgo ha sido incapaz de retener el «voto duro» y, lo que es peor, no poder convocar a sus cuadros electos.​ Mientras el discurso oficial de Jorge Meade y Ramírez Arana intentaba evocar la «grandeza» de un gobierno de resultados, las sillas vacías y la ausencia de los Alcaldes electos contaban otra historia. La dirigencia presume una unidad que los datos electorales recientes desmienten. Según las cifras del Organismo Público Local Electoral (OPLE), el PRI en Veracruz ha pasado de ser la primera fuerza a una entidad que lucha por no perder el registro.

​En la época dorada del PRI, un llamado de la dirigencia era una orden que se cumplía con fervor. Hoy, los pocos que logran ganar una elección bajo las siglas tricolores lo hacen a pesar de su dirigencia, no gracias a ella. ​El desaire de los ediles y la escasa convocatoria de la militancia de a pie confirman una verdad que se comenta en los cafés de la capital: el PRI de Veracruz está siendo sepultado por una dirigencia que padece de una miopía crónica, hoy parece haberse convertido en un club social de excolaboradores que acuden por nostalgia, pero ya sin la capacidad de movilización que el partido requiere para sobrevivir al 2027.

《​El contraste de los «Años Dorados»》

​El homenaje sirvió para recordar la figura de Herrera Beltrán como un «constructor de acuerdos», dejando un legado que incluso los adversarios más férreos suelen respetar, pero subrayó la carencia de esa misma habilidad en la dirigencia actual. ¿Dónde quedaron los líderes seccionales? ¿Dónde está la fuerza de los sectores (CTM, CNC, CNOP) que antes daban vida a estos recintos?

​Al no asistir los alcaldes electos, aquellos que aún sostienen el poco poder territorial que le queda al partido, se envía un mensaje contundente: la marca PRI ya no es rentable, y su dirigencia estatal carece de autoridad moral sobre quienes ganaron sus puestos en las urnas. ​Mientras la verdadera militancia, aquella que llenaba las urnas y reventaba las plazas, se siente desplazada y traicionada, la cúpula se encierra en eventos de autoconsumo. Fidel Herrera sabía que la política se hace sumando, no restando; uniendo, no dividiendo; y, sobre todo, respetando a las bases que sostienen el aparato.

Por otro lado, el homenaje a Fidel y Rosa Borunda era justo y necesario​; pero es bien sabido que ambos eran políticos individuales, incluso en sus inicios fueron adversarios. Es loable el reconocimiento a la labor de Doña Rosa Borunda y su impacto social a través del DIF. Sin embargo, en el terreno estrictamente político, para muchos priistas y analistas, no fue una buena idea mezclar ambos homenajes. Ya que sus convicciones y legado eran totalmente diferentes, aún cuando vivieron como pareja y respetaron siempre sus ideales.

Al intentar usar la figura del exgobernador como un «salvavidas» político, Ramírez Arana y su «equipo político», solo lograron subrayar lo que todos ya sabíamos… el partido es un cascarón vacío, operado por manos inexpertas que pretenden lucir galones de una guerra en la que nunca pelearon. Los discursos de «lealtad» y «legado» suenan huecos cuando no hay una estructura que los respalde.

Mientras la cúpula nacional intenta vender una narrativa de resistencia, la base veracruzana continúa «abandonando el barco». La caída en la movilización de cuadros durante el último bienio coincide directamente con el ascenso de figuras que la militancia percibe como «alejadas de la base», lo que ha provocado una fuga de votos hacia otras opciones políticas. En las últimas tres jornadas electorales en Veracruz, el PRI ha cedido más del 60% de su representación municipal comparado con el periodo 2010-2016, situándose actualmente como la cuarta fuerza política en términos de votación efectiva.

​Si la actual dirigencia sigue apostando por la nostalgia en lugar de la renovación y la recuperación de su militancia de a pie, el PRI no necesitará enemigos externos para desaparecer; bastará con seguir organizando eventos donde lo único que sobra es espacio y lo único que falta es pueblo.

La placa develada hoy en honor a Fidel Herrera Beltrán podría, irónicamente, terminar siendo la lápida de un partido que olvidó cómo hacer política en la calle y solo ha entregado números rojos. Los «colaboradores cercanos» que asistieron al evento son testigos de un pasado nostálgico, que hoy parece tener siglos atrás.

«En fin, con el permiso de su excelencia… esto no es una columna sería».

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